BALOO





En un rincón olvidado de la ciudad, bajo el cielo gris y despiadado, un perro grande y blanco, con ojos de miel, vagaba sin rumbo. Su pelaje, antes brillante y cuidado, ahora estaba sucio y enmarañado. Sus ojos, que una vez brillaban con amor y lealtad, ahora reflejaban la tristeza y el abandono.
Este perro, que una vez había conocido el calor y el amor de una familia, ahora se encontraba solo y abandonado. Había sido bajado de un auto, sin explicación ni mirada atrás, y dejado a su suerte en la calle.
Los días se convirtieron en semanas, y las semanas en meses. El perro tuvo que aprender a sobrevivir en un mundo cruel y despiadado. Pasó hambre, sed y frío. Se tuvo que esconder de los peligros que acechaban en cada esquina.
Pero a pesar de todo, el perro nunca perdió la esperanza. Su corazón, aunque roto y magullado, seguía latiendo con amor y lealtad. Seguía recordando los momentos felices con su familia, los paseos por el parque, las noches calientes junto al fuego.
Y aunque su cuerpo estaba débil y exhausto, su espíritu seguía siendo fuerte. Seguía buscando un hogar, una familia que lo amara y lo cuidara. Seguía soñando con un futuro mejor, donde podría correr libremente, sin miedo ni dolor.
Este perro grande y blanco, con ojos de miel, es un símbolo de la resiliencia y la esperanza. A pesar de todo lo que ha pasado, sigue siendo un ser noble y leal, que merece amor, cuidado y respeto.